Mi primaria la estudié en un colegio religioso de Lima, nunca fuí un niño aplicado ni complicado, era simple, recuerdo la hora de salida, siempre las seis de la tarde, me subía a la movilidad, acomodaba mi mochila, mi lonchera roja de los transformers y empezaba la ruta, en el camino a casa siempre aparecía mi papá, con una naranjita Dely (esas anaranjadas de plástico con cañita dura) y sus clásicos panes de Rovegno rellenos de Jamón del País con un poco de mostaza, recuerdo que lo esperaba contento, con la ilusión de verlo siquiera un momento, feliz de tener mi Naranjita y mis panes, nunca me pregunté por que él y mi mamá no estaban juntos, no vivía pendiente de eso.
Ayer, 20 años después, mientras me iba a visitar a mi hija, me bajé en una bodega, compré 1 pequeño yogurt de fresa, 2 mandarinas y una manzana, y empecé a recordar la historia ya contada, le pregunté al dueño de la tienda si vendía Naranjita Dely, la verdad, no la conocía.
Mientras estaba en el micro con mi bolsa de frutas, me imaginé en la movilidad cuando era niño, pero esta vez ya no era mi papá tratando de buscarme, esta vez era yó, buscando a mi hija, con rumbo a visitarla, sin haber encontrado una naranjita Dely.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
Gracias por ser tan original y talentoso...
Me da orgullo trabajar con alguien que se preocupa por preservar nuestro idioma...
Fernando Cortés
Publicar un comentario