
Me encanta el frío, y más aún andar desabrigado en las mañanas, así puedo sentir el viento y hacerme parte de él, es andar conectado con la naturaleza, con el Otoño y con la urbanidad de Lima...
De vez en cuando pasan cosas raras en las combis, o te ceden el asiento, o lo cedes tú, te cobran doble pasaje o a veces ni lo pagas, te equivocas de ruta, te quedas dormido o alguien te sonríe......
Esta vez me senté de espaldas al chofer, y frente a mí estaba alguien a quien no esperaba incomodar, la vi muy tranquila, muy serena, sin incomodarse por mi brusca sentada, sonriendome tiernamente y leyendo un libro; cuando veo a la gente en los autos o cualquier medio de transporte leyendo un libro, me lleno de curiosidad por saber lo que les quita la atención, me dan ganas de meterme en sus cabezas y saber lo que están pensando, incluso pude ver a la lectora mordiendose la uña, mi curiosidad pudo más, incliné mi cabeza un poco y traté de ver el título, no podía, y fue ahí cuando la joven me dejó ver la portada, para poder leer el título, y me sonrió.
Hay un tramo largo en la ruta donde se puede ver el mar a través de la ventana, ella cerró su libro y empezó a mirar el horizonte, el mar, concentrada, nostalgica, haciendose miles de preguntas en la cabeza, sus ojos lo decían, sus ojos latían, percibían cada instante frente al mar, como si tuvieran tacto infinito.
Me sorprendió que después de ver el mar me observara y me preguntara si me dolía el piercin en la ceja, no supe que pensar, me sentí tímido, le respondí que nó, mientras me sacaba los audífonos y le dejaba ver los otros piercins que llevaba en las orejas, los que también miró sorprendida, mientras seguía sonriendo, y me decía, se te vé bien, en ese momento mi pensamiento cambió, y me dí cuenta que el ser como soy no tiene nada de malo, tal vez el ser diferente es lo que te hace verte bien, no lo sé...
Su voz era distinta, sus palabras ligeramente trabadas pero entendibles, no pude ser descortés y le pregunté por su libro, que tenía de interesante?, simplemente me lo dió, leí la contraportada y solo ví una historia de amor basada en vampiros, para no quedar atrás saqué uno de mi mochila, (el que stoy leyendo por estos días), "La Mujer de mi Hermano", en la contraportada pudo reconocer a Bayli, y al leer un fragmento, abrió la boca como si estuviera sonrojada, me dí cuenta que ambos leemos cosas diferentes, pero somos lectores al fin y al cabo, y el leer es cultura.
Con la sinceridad y la ternura más grande del mundo me dijo que no podía escuchar, yo ya lo sabía, no desde el primer momento, pero pude percibirlo, al verla mover sus manos mientras conversaba; le hablé de la mamá de mi esposa, que también tiene ese problema, que no puede hablar ni escuchar, pero a su vez conmigo se la pasaba conversando a manera de señas, y así pasaron diez años, hablando con alguién que no puede escuchar, escuchando a alguien que no puede hablar, y hoy, mi pequeña hija de casi 2 años, aprende de la misma manera a hablar con su abuela, el universo a veces es extraño, muy extraño.
Mi curiosidad me hizo preguntar hacia donde iba, cual era su destino, y me resumió gran parte de su vida en 30 minutos, se iba a encontrar con su novio (johan, lo recuerdo por que me enseñó un llavero con su nombre), iban a salir a pasear, comer o algo por el estilo, incluso me contó que antes también estuvo enamorada, pero el que no pudiera trabajar la limitó en su relación, pero bueno, muchos piensan diferente...
A todo eso, Cual es tu nombre??? pregunté, sacó su celular y lo escribió a manera de mensaje de texto -Dayixa- mi mamá lo inventó, -me dijo- mientras pasó cuatro dedos por su mejilla cerró el puño y lo apoyo de nuevo en su rostro, -eso significa mi nombre- respondió.
Te entiendo perfecto por que te leo los labios, a los once años aprendí a leer, no quería quedarme en la nada, tengo deseos de superarme, mi hermano Daniel es más pequeño y tiene el mismo problema, pero el no hace mucho por mejorar, -mi nombre también es Daniel- le dije, y sonreía, era tan tierna, tan inocente en este mundo lleno de maldad, en este mundo tan confuso; en ese momento me puse a pensar en mi hija, andando por las calles de Lima, es duro de verdad, pero bueno el tiempo sigue.
Me despedí, me dijo cual era su correo, me sorprendí otra vez, me alegró la mañana, me hizo entender que no hay nada imposible, que no toda la gente que te habla en la calle es mala, y más aún, me hizo pensar en el verdadero sonido del mar si no pudiera escucharlo, y a mi parecer lo más cerca a ese sonido es la caricia de un latido.
Daniel Justo.

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