miércoles, 28 de septiembre de 2011
La Niña de la muñeca vestida de flor
Detrás de esa puerta que daba hacia el parque, jugaba Adriana, con su muñeca vestida de Flores, le preparaba te de menta y la alimentaba con galletas de Chocolate, sin sonreír, simplemente jugaba.
Papá se iba cada quince Dias a la mina, viajaba seguido fuera de la capital, maleta en mano se despedía de Adriana y ella sin decir nada, lo despedía, no entristecía, no lloraba, solo lo observaba.
Mami era esa típica mujer indolente, de rostro esquivo a los silbidos de la calle, pero que por dentro le encantaban, haciendo de su pecho un quemar narcisista, capaz de llenar de soberbia ese ego, que solo las mujeres alimentan cada vez que se sienten atractivas.
Adriana, a sus 6 años ya sabia crear mundos, su muñeca vestida de flor cada día era vestida de ropa diferente, y siempre la tenía de pareja de un peluche, jugando al papa y a la mama, jugando a que existía una relación llevadera entre esos muñecos de fantasía, y siempre detrás de la puerta.
Adriana sigue jugando a lo mismo cada vez que Papá se va de viaje, salvo cada día que mama sale de casa, es ahí cuando maquilla a su muñeca vestida de Flor, la sube a un auto de juguete, y espera tristemente al caer la noche, una galleta de chocolate.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
hola daniel como siempre escribiendo super cheere un saludo brother
Publicar un comentario